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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Extracto de la novela El deseo de Brianna Read

Lo busqué por todas partes, Alexander no estaba en el apartamento. Los primero que se me vino a la mente fue que decidió caminar un rato, no me gustaba mucho la idea, pero era lógico que sucediera ya que Alexander pasaba mucho tiempo encerrado en el apartamento, esperando a que yo llegara. De momento sentí en mi corazón un vuelco al ver mi computadora encendida y mi anuario de graduación sobre la cama.  No sé por qué razón comencé a sentir un miedo indescriptible, haciendo que comenzara a transpirar frío.
Observé que tenía abierta la página de una famosa red social, en la pantalla salía una lista de nombres bajo Alexander Wright. El miedo fue tan intenso que me sentí muy mareada.  Todo estaba claro, vio su foto en el anuario y comenzó a buscar información de él en el Internet y aparentemente la encontró.  Cuando agarro el anuario en mis manos, observo que debajo había un papel, parecía una nota escrita por Alexander.  Al abrirlo decía:
Me engañaste, Alexander Wright.
Inmediatamente corrí en dirección a la calle, bajé las escaleras, mientras gritaba su nombre. Estaba angustiada, desesperada. ¿Dónde podría estar? ¿A dónde iría? Seguramente se comunicó con alguien en su lista de amigos. En el fondo sabía que lo había perdido para siempre, pero aún así no podía resignarme tan fácil. Subí nuevamente e hice lo único que podía hacer por el momento, llorar.
No sé cuanto tiempo estuve dormida. Me despiertó alguien tocando a mi puerta, era Raquel.
—Brianna, ¿puedo pasar? —se sorprendió al ver todo en desorden y con mi cara completamente roja de tanto llorar— ¿Qué sucedió? ¿Por qué estás así?
—¡Raquel, lo perdí, descubrió todo! —me levanté para abrazarla, llorando desconsolada.
—¿Qué estas diciendo? ¿Cómo se enteró? —me preguntó estupefacta.
—Lo descubrió él sólo. Encontró el anuario de graduación, vio su foto, que se yo —rompo en llanto, tapándome el rostro con mis manos.
—Nosotras te lo advertimos, tú sabías a que te atenías al engañarlo de esa manera —me dijo.
—No me sermonees por favor, no me hace bien en éste momento —me acosté en la cama boca abajo, hundiendo mi cabeza en la almohada para poder llorar abiertamente.
—Discúlpame, tienes razón. Primero tienes que tranquilizarte. Me preocupa que vaya a hacer algo en tu contra, te demande o…
—Eso es lo menos que me importa Raquel, lo único que me interesa saber es que esté bien —me levanté abruptamente, para mirar a la cara a Raquel.
—Debe estar bien. Pero, ¿y cómo sabes que se fue? A lo mejor está caminando.
—Mira —le mostré la nota que me dejó.
Raquel la leyó y me abrazó.


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1 comentario:

Judith dijo...

Me gusto mucho este extracto, te deja queriendo saber mas de la historia !!